El velo de lo visible
Por Juan José Gnagnarello
“Quizás la verdadera muerte no sea el
final, sino el olvido.”
Hay momentos en que nos detenemos a pensar en aquellos que ya no están y
percibimos que los recuerdos que guardamos no nos pertenecen del todo. Cada
gesto, palabra o mirada conserva algo de quien la originó. Recordar deja de ser
un acto solitario para convertirse en un diálogo silencioso entre dos seres que
aún se buscan. “No mueren aquellos que viven en la memoria de los que
aman” (Agustín, 397/1993). Tal vez por eso, en ese simple acto, una
parte del otro sigue en nuestro interior. Ese pensamiento es, quizás, una
vibración que cruza el velo de lo visible. En palabras
de Lao Tsé: “lo que para la oruga es el fin, para el sabio es el
comienzo” (Lao Tsé, ca. siglo VI a.C./1998). Así, lo que parece
terminado vuelve a nacer en una nueva forma de presencia.
Bajo la idea expresada puede decirse que la materia se disuelve pero la
esencia persiste. Teilhard de Chardin expresó que “no somos seres
humanos viviendo una experiencia espiritual, sino seres espirituales viviendo
una experiencia humana” (Teilhard de Chardin, 1955/1965). Las
emociones, los pensamientos y los lazos se transforman y quedan en el aire
después de que alguien se ha ido.
¿Cada ser humano es el eco de muchos otros? ¿Vivimos impregnados de
voces, gestos y pensamientos que no son sólo nuestros? Quizás la vida no
termine donde creemos, sino que simplemente cambia. Cada vez que sentimos
presencia en la ausencia, participamos del misterio de la continuidad y tal vez ese sea el verdadero sentido de
trascender.
Referencias
Agustín, S.
(1993). Confesiones (L. García, Trad.). Biblioteca de Autores
Cristianos. (Obra original publicada ca. 397)
Lao Tsé.
(1998). Tao Te Ching (J. P. Seaton, Trad.). Editorial Kairós.
(Obra original publicada ca. siglo VI a.C.)
Teilhard de
Chardin, P. (1965). El fenómeno humano. Editorial Taurus. (Obra
original publicada 1955)
